Jaime Garrastazu
Co-founder, Pompeii

Con apenas 22 años, 18.000 euros y unos pocos amigos, se lanzó a crear en 2014 una firma de calzados, Pompeii Brand, que se ha convertido en uno de los casos de éxito más apabullantes del sector textil de los últimos años. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, Garrastazu es también el responsable de marketing de esta marca cien por cien española, desenfadada, urbana y enfocada a los millennials. Su promoción en redes sociales ha sentado cátedra, multiplicando por miles sus seguidores. Ha colaborado con El Confidencial con una serie de artículos sobre emprendimiento.

Con varios amigos de su infancia, como Cosme Bergareche y Nacho Vidri, fantaseaba con la idea de montar un negocio hasta que dieron con el artículo que querían vender: zapatillas. ¿El motivo? Les gustaban. Como entonces estaban cursando sus respectivas carreras, la idea quedó dormida durante un tiempo, entre otros motivos porque no sabían nada de moda, ni de tecnología, ni de Internet.

Tras acabar la carrera en el Colegio Universitario de Estudios Financieros, Garrastazu comenzó a trabajar en PwC. Se le abría un futuro prometedor, pero convencional. Al mismo tiempo que se estrenaba como auditor en la firma, el grupo de amigos retomó el proyecto de las zapatillas. Con un boceto garabateado y unas pocas indagaciones, se lanzaron a buscar fabricantes en la zona de Elche, invirtiendo 18.000 euros de ahorros comunes. Pompeii estaba en marcha.

Durante tres meses, Garrastazu compaginó su exigente trabajo en PwC con la naciente empresa, poniendo al límite su cuerpo y su estabilidad mental. Fue cuando decidió dejar su contrato indefinido para abrazar de lleno la aventura emprendedora. Pompeii estaba experimentando un éxito inusitado, que descolocó a sus propios fundadores. Empezaron con menos de 400 unidades y las vendían online sólo durante tres días al mes. Se agotaron enseguida.

Garrastazu, que defiende la inexperiencia, el valor del riesgo, el aprendizaje de las equivocaciones, y la creencia en el instinto, convirtió la ausencia de casi todo (presupuesto, unidades, recursos…) en una forma de marketing de escasez. Y funcionó. En el primer año, Pompeii facturó medio millón de euros sin gastar nada en publicidad, sólo haciendo uso de las redes sociales. La previsión para su segundo año, con 23 empleados en plantilla, es alcanzar los dos millones de euros, y dar el salto a la internacionalización de la firma.